En los estados unidos, el envejecimiento de los “ baby boomers ” está imponiendo cambios radicales en los planes de muchas empresas. se avecina una profunda metamorfosis en el diseño de hogares, automóviles y puntos de venta minorista. una tendencia que, además de extenderse a otros países, podría representar una enorme oportunidad de negocios.
Los baby boomers — casi 80 millones de norteamericanos nacidos entre 1946 y 1964 — han sido el foco del diseño público y privado de los ambientes cotidianos durante 60 años, y quienes obligaron a redefinir desde los centros comerciales hasta las salas cinematográficas.
Del mismo modo, espacios públicos como hospitales, escuelas y bibliotecas, al igual que la infraestructura del transporte público, han reflejado y reafirmado el estilo de una generación que se convirtió en el patrón de vida norteamericano actual.
Esas personas ya no son jóvenes, pero se mantienen juveniles. No tuvieron tantos hijos como sus padres y, en tanto consumidores, obligaron a las empresas a observarlos con nuevos ojos. A medida que sigan envejeciendo exigirán más de los ambientes públicos y contribuirán a reinventar todo: desde las tiendas de los pueblos hasta los centros para la tercera edad.
Viejos consumidores, nuevos valores
Los baby boomers constituyen la primera generación de adultos numerosa que goza de niveles récord de salud, riqueza y educación. Esperan que la innovación en diseño siga enfocada en la “ juventud ” de los maduros, y que eso les permita mantenerse saludables, productivos e independientes.
Bienvenidos a un mercado en el cual la próxima generación de gente mayor definirá qué es lo nuevo. Sesenta años de innovación de productos alrededor de las necesidades de un consumidor más joven ya no representarán una carta de triunfo en el mercado envejecido del futuro. Los diseñadores se verán obligados a imaginar nuevos productos, servicios y ambientes que les resulten atractivos.
A pesar de la increíble diversidad de la generación baby boomer, de sus cambiantes necesidades físicas, así como de sus experiencias como consumidores, pueden inferirse varios valores comunes:
■ Simplicidad práctica, en respuesta a la disminución de la capacidad física, natural en el proceso de envejecimiento, y al deseo de contar con productos fáciles de usar y vivir en ambientes adecuados a sus necesidades.
■ Salud y bienestar integral, para los que están en la etapa de las enfermedades crónicas y, probablemente, cuidando a sus padres ancianos.
■ Comodidad y conexión, como estilo de vida de una sociedad que, a partir de la constante innovación tecnológica, espera que los servicios estén disponibles tan pronto como los necesita.
■ Lo personal como algo “premium”, en parte porque fue la primera generación cuyos miembros trataron de descubrir lo que era valioso para ellos, y ahora como estrategia para satisfacer las necesidades del envejecimiento.
La apropiada integración de estos valores estará muy influenciada por la promesa de marca, y será viable gracias al poder de la tecnología en ambientes cotidianos como el hogar, el auto, la comunidad y la tienda.
Salud y bienestar en el hogar
Nuestra casa es más que el lugar donde vivimos. A medida que envejecemos se convierte en el testimonio de nuestra continua independencia. Si bien algunos eligen mudarse a un destino de retiro o a una vivienda más pequeña, lo habitual es que la mayoría “envejezca en su lugar” y permanezca allí donde ha reunido innumerables recuerdos. Es difícil imaginar una parte de la casa que no se vea afectada por el envejecimiento. La accesibilidad física y la movilidad impulsarán muchos cambios en la vivienda; la búsqueda de bienestar dará paso a nuevos espacios y servicios.
La cocina se convertirá en algo más que el lugar donde se prepara la comida: será, también, el centro de salud y bienestar de la casa. Si bien muchos apuntan a la obvia necesidad de una mayor iluminación, mesadas más bajas y armarios más accesibles, es probable que los verdaderos cambios apunten a cómo lograr una cocina inteligente, que ayude a controlar y administrar la salud del grupo familiar.
Cuando padezcan enfermedades crónicas, como la diabetes, los boomers descubrirán que esos electrodomésticos que antes sólo servían para enfriar o cocinar, de repente observan lo que ellos comen. Muy pronto, casi todos los productos comestibles que ingresen a un hogar tendrán una etiqueta de identificación por radiofrecuencia (RFID), que aportará información sobre la fecha de vencimiento, ingredientes, cantidad de porciones, y hasta sugerencias para la preparación. Cada vez que un producto sea retirado de los anaqueles o de la heladera para ser utilizado, dispositivos conectados a Internet reunirán información sobre los hábitos dietarios y crearán una lista de compras virtual que permitirá la entrega a domicilio, como parte del servicio ofrecido por una gran cadena de farmacias o de almacenes.
La telemedicina —el empleo de las telecomunicaciones para brindarle al paciente información y atención a distancia— ya se utiliza en el tratamiento de ciertas enfermedades, como la insuficiencia cardíaca congestiva. La exigencia de las personas maduras en términos del cuidado de la salud y el bienestar, en un sentido amplio, forzará la integración de los dispositivos médicos que controlan el peso, la presión sanguínea y los niveles de glucosa, entre otros, a fin de que conformen una estación de salud, instalada en un nuevo lugar en la cocina o el baño. Esto invitará a fabricantes de equipos electrónicos omo Philips o Samsung, a producir sistemas de alto diseño fáciles de usar, que servirán de portales para que servicios clínicos de marca (por ejemplo, Harvard Medical School/ Partners Telemedicine), actuando como “gerentes de enfermedades”, controlen y motiven a los pacientes a consultar con un médico.
La salud física es sólo una de las dimensiones del bienestar integral, que exige un compromiso permanente. Aunque los boomers estén llegando a la edad del retiro, no se están retirando de la vida. Un reciente informe de la AARP (American Association of Retired Persons, una organización que promueve los intereses de la gente madura) indica que una de cada cinco personas de más de 50 años trabaja por su cuenta.
El Barclays Bank identificó una nueva clase emprendedora, integrada por mayores de 50 que, por primera vez en su vida, inician sus propios negocios y demandan, en consecuencia, servicios bancarios especiales. Un nuevo espacio creativo surgirá en el hogar para dar soporte a esos emprendimientos, organizar actividades voluntarias, retomar los estudios, comenzar un hobby, o simplemente generar un lugar en el que se reúnan objetos familiares que pasarán a la próxima generación. Mientras sus hijos y nietos posiblemente pasen tiempo en MySpace, un adulto mayor armará un estudio en su hogar, más para reinventarse que para retirarse. Proveedores de artículos de oficina como Staples y bancos minoristas como el Bank of America, entre otros, desarrollarán productos, tecnologías y servicios para los emprendimientos personales de una clase madura creativa.
Autos conectados
Si el hogar simboliza nuestra independencia, el auto representa nuestra libertad. La capacidad de ir y venir adonde y cuando lo deseemos, se ve reflejada y reforzada por el automóvil. Más del 70 por ciento de los baby boomers vive en zonas donde las opciones de transporte no existen o son escasas. Desde la cuna, han sido la generación estadounidense definida por el automóvil: desde las wagon familiares con paneles de madera de los años ’50, hasta las minivan de los ’80.
Para adaptarse al nuevo conductor maduro, el auto se está volviendo hoy más amigable con el usuario. Ahora es más fácil entrar y salir de varios modelos. Manijas bien ubicadas ayudan a las doloridas rodillas a treparse a un SUV. Espejos y ventanillas más grandes facilitan la visibilidad, mientras que un innovador revestimiento del vidrio reduce el reflejo para alivio de la vista. La convergencia de la tecnología de la información y el diseño dará paso a un automóvil que se conecte con el conductor y el ambiente. Al igual que el hogar, el auto se está volviendo más inteligente. Los modelos de lujo, preferidos por los mayores de 50, están equipados con sistemas inteligentes que ayudan al conductor a anticipar las condiciones del tránsito y la posibilidad de una colisión, o a tomar conciencia de la necesidad de autorregular una conversación mantenida en un teléfono celular. Para algunos, sin embargo, tanta información puede resultar excesiva. Por lo tanto, también estarán en condiciones de personalizar en su tablero el menú de información, con el color, el tamaño y el lugar en el que desean visualizarla.
En nombre de la conveniencia y la comodidad, el auto estará cada vez más conectado con su entorno y con servicios relacionados. Para los compradores de vehículos de alta gama, los sistemas de navegación se transformarán en poderosos canales de contenido habilitados por la Web.
Grupos de afinidad y programas de lealtad —como los de American Express, Visa, Saga y AARP, entre otros— ofrecerán canales dentro del automóvil, valiéndose de sus sistemas de gestión de relaciones con el cliente para personalizar información sobre restaurantes, hoteles, tiendas minoristas o servicios de mantenimiento, a partir de preferencias y comportamientos de compra previamente revelados por el consumidor.
La salud y el manejo —más que la edad y el manejo— se convertirán en una consideración clave en materia de diseño. Las personas maduras también alentarán el desarrollo de sistemas de notificación de accidentes de última generación, que conectarán instantáneamente al auto con los servicios de emergencia y transmitirán, además de la ubicación del incidente, información al hospital más cercano sobre el grupo sanguíneo, la medicación, el seguro de salud y otros datos personales del accidentado, a fin de acelerar el tratamiento en la sala de emergencias.
Si bien esas tecnologías de avanzada se aplicarán a los automóviles pensando en los conductores de edad madura, los grandes hallazgos de diseño suelen tener derivaciones sorprendentes. Fue el caso del Honda Element, un vehículo diseñado para jóvenes que viajan con perros y tablas de surf, pero que ha tenido gran éxito entre los compradores de más de 50 años que se mantienen activos y no quieren un auto para “padres”. En especial, valoran del Element su capacidad para transportar nietos, padres ancianos, mascotas, palos de golf, herramientas de jardinería y compras hechas en el supermercado.
Comunidades habitables
A medida que envejece, la gente le da más valor a la calidad de vida. Por lo tanto, una comunidad bien diseñada tendría que incluir fácil conectividad entre una gran variedad de actividades: desde el trabajo y los servicios de salud, hasta los centros de educación y las bibliotecas. Una señalización clara y bien ubicada, y una iluminación que mejore la visibilidad e incremente la percepción de seguridad, también deberían ser características distintivas. En las comunidades de alta tecnología e interconectadas, algún día sus habitantes usarán lentes de realidad aumentada para recorrer los ambientes. Paralelamente, esos lentes brindarían al usuario una descripción virtual de áreas culturales, tiendas, restaurantes y servicios de transporte cercanos.
La accesibilidad se facilitará mediante un mejor diseño de edificios y aceras, junto con la construcción de rampas y la presencia de bancos para brindar un descanso. Los planificadores harán un mayor uso de técnicas para simplificar el tráfico vehicular, a fin de que no haya congestiones y trasladarse de un punto a otro sea más fácil y seguro.
Es probable que el automóvil siga siendo una parte dominante del paisaje ciudadano en los años por venir, pero los medios de transporte alternativos adquirirán mayor importancia. Para brindar opciones a quienes eligen no manejar o ya no pueden hacerlo, los servicios sobre pedido ayudarán a las personas a realizar los viajes que necesitan o quieran hacer. El uso creativo de la tecnología de la información servirá para proporcionar un servicio más fluido al cliente. Los vehículos y las personas se “verán” entre sí a través del teléfono celular, la televisión comunitaria o la PC. Esas tecnologías les permitirán a la gente hacer una búsqueda en tiempo real para encontrar un vehículo disponible, y a los proveedores del servicio maximizar su capacidad.
Muchas personas mayores están volviendo a las ciudades en las que hicieron sus estudios universitarios, donde encuentran entretenimiento —una oferta variada de restaurantes y tiendas— y servicios de salud. La Kendal Corporation, por ejemplo, opera varias comunidades residenciales de retiro en ciudades del nordeste norteamericano. En las cercanías del Oberlin College, el Dartmouth College y la Universidad Cornell, Kendal de- sarrolló con éxito una marca que responde al deseo de muchos adultos mayores de seguir aprendiendo, en el marco de una comunidad dinámica y agradable para vivir.
No se sabe cuántos boomers entrados en años elegirán mudarse de sus “nidos vacíos” (tras la partida de sus hijos) a una nueva comunidad, o estarán en condiciones de hacerlo. Para algunos, sin embargo, un ambiente comunitario puede resultar una excelente opción. Beacon Hill Village, en Boston, surgió como un modelo de comunidad para pasar los “años de la vejez”. Iniciada por un grupo de residentes de Beacon Hill, el Village ya tiene casi 800 miembros que formaron una asociación para contratar a proveedores confiables de una amplia gama de servicios: mantenimiento del hogar, limpieza, compra de alimentos, transporte, atención médica y actividades sociales. Así, la comunidad mantiene su independencia, y garantiza su seguridad y el cuidado de su salud.
Para las compras, soluciones
A lo largo de sus vidas, los baby bomers definieron maneras de comprar. Desde las ferias a cielo abierto de los años ’50, pasando por los centros comerciales de los ’70 y hasta los formatos actuales, el comercio minorista ha respondido a sus modas y caprichos.
¿Qué vendrá de aquí en más?
Al igual que otros ambientes, las tiendas con señalización sencilla e iluminación adecuada serán cada vez más requeridas a medida que la población envejezca, así como una manera de presentar los productos que le permitan a la gente vislumbrar su valor. En contraste con minoristas como Abercrombie & Fitch, o Hollister, que cortejan a los compradores jóvenes acentuando una atmósfera de club privado —con escaparates apenas iluminados y unos pocos productos en exhibición, pero interiores de colores chillones—, las tiendas que apuntan a consumidores que han pasado los 50 tendrán pasillos amplios y exhibidores muy visibles (casi instructivos), iluminados con una luz clara. Las principales características de diseño de los futuros ambientes minoristas serán aquellas que ayuden a los consumidores de mayor edad a encontrar soluciones, no simplemente productos.
The Home Depot y Lowes tienen diferentes ambientes que pueden explicar su relativo éxito en atraer compradores maduros. Pero, según un analista del comercio minorista, mientras en The Home Depot conspiran contra ese éxito los pasillos abarrotados, la constante carga y descarga de mercadería y la falta de exhibidores creativos, Lowes se relaciona mejor con el segmento de mayor edad y con las mujeres debido a un ambiente brillante, con pasillos amplios y fáciles de recorrer, y artefactos y electrodomésticos ubicados en exhibidores que muestran con claridad cómo podría transformarse una cocina o un baño.
Además del ambiente “facilitador”, el uso de la tecnología y la construcción de marca serán claves para guiar la elección de un producto. En Alemania, por ejemplo, las tiendas Metro AG sacan provecho de los avances de la tecnología de la información: carritos inteligentes guían a los consumidores hacia los nuevos productos y las promociones, y les facilitan la comparación de precios. El AgeLab, del MIT, desarrolló un Consejero Personal Inteligente que, mediante una tarjeta inteligente, toma en cuenta la dieta del usuario para ayudarlo a elegir los alimentos adecuados. La persona acerca el código de barras del producto (o la RFID) al Consejero, y el dispositivo despliega información que indica si el producto en cuestión se ajusta a las restricciones impuestas por la dieta. De lo contrario, procede a recomendar otro producto. Los ambientes futuros apuntarán a brindarles a los consumidores información personalizada en el punto de decisión, para ayudarlos a elegir entre diversas alternativas.
Durante décadas, todo indicaba que las tiendas minoristas serían cada vez más grandes. Sin embargo, puede haber límites. A medida que la población envejece, disminuye su deseo de tener una experiencia de compra en un espacio de dimensiones extraordinarias, en especial por la dificultad que supone atravesar inmensas superficies de estacionamiento y de las áreas de venta. Ofrecer más productos bajo un mismo techo agrega confusión, en vez de ayudar a los consumidores a decidir una compra. Los empresarios tal vez descubran que sus gigantescos centros comerciales obtendrían un mejor resultado con los baby-boomers si se los diseñara como “village centers”, integrando servicios residenciales y comerciales, e incluso sociales, a fin de que esos clientes vean a las tiendas y los restaurantes como su propio formato de comunidad. Natick Mall, de Massachusetts, está construyendo una comunidad de condominios para atraer a las parejas maduras cuyos hijos ya abandonaron el hogar paterno. El complejo de viviendas será parte del actual centro comercial e incluirá más de 80 tiendas y restaurantes, erigiéndose así en un destino de compras para boomers de alto poder adquisitivo.
Otros compradores maduros, si rechazan las tiendas de gran tamaño, cualquiera sea su diseño, podrían ser un nuevo segmento de clientes para las tiendas con formato de boutique, que ofrecen menos opciones pero mayor simplicidad; tal vez, el resurgimiento de las tiendas de la calle principal del pueblo y la vida asociada a ellas.
La casa, el auto, la comunidad y la tienda son sólo algunos de los ambientes cotidianos que se verán influenciados por una sociedad que envejece. El lugar de trabajo, los restaurantes, los centros de aprendizaje, los hospitales y cualquier otro servicio o espacio, público o privado, también estarán sujetos al rediseño. Sin embargo, en vez de pensar que están diseñando una sociedad para los viejos, los planificadores deberían concentrarse en que es un punto de inflexión para innovar. Pero hará falta un nuevo enfoque, centrado en la utilidad, la facilidad de uso y la accesibilidad, en el bienestar integral, la conveniencia, la comodidad y el servicio personalizado. Los ambientes que reflejen estos valores no sólo serán buenos para las personas mayores, sino también mejores para todos.
Fuente: Por Joseph Coughlin para Gestión