En un mercado cada vez más saturado y competitivo, poder determinar el grado de aceptación que tendrá un nuevo producto entre los consumidores antes de lanzarlo se convierte en la gran preocupación de las empresas para minimizar sus riesgos. Dentro del contexto de una sociedad multicultural y móvil, el estudio pormenorizado de sus ciudadanos permitirá no sólo desarrollar productos específicos al gusto del consumidor, sino también crear una infraestructura sociopolítica y económica adaptada a las necesidades de los individuos, las familias y las organizaciones. Con estos objetivos nacen los living labs.
Parece evidente que la sociedad tiende cada vez más a diversificar sus necesidades. Individuos de diferentes edades y procedencias culturales, con horarios laborales dispares, asentados en países con distintos climas, demandan productos diferentes para hacer más confortable su día a día. En este contexto global, las empresas buscan estrategias para conocer cuáles son los gustos de sus clientes potenciales, de manera que los nuevos productos se adapten a ellos. Ahora bien, ¿cómo precisar cuáles son las necesidades reales de los consumidores en una sociedad global que tiende no ya a la segmentación sino a la individualización? Y, sobre todo, ¿cómo lograr que esos productos personalizados sean rentables?
Los laboratorios vivientes o living labs surgen para dar respuesta a estas preguntas. Frente a los tradicionales laboratorios de testeo, que prueban prototipos finales de nuevos productos en grupos limitados de usuarios y en simulaciones de situaciones reales, los living labs permiten testar los productos en usuarios y situaciones reales, en sus casas o sus oficinas, en su vida cotidiana, mejorando mucho la eficacia y fiabilidad del testeo. Además, estos laboratorios someten el producto a una evaluación continuada desde el primer prototipo, con una intervención directa del consumidor en el diseño, lo que permite a las empresas introducir modificaciones sobre la marcha, con el consiguiente ahorro de costes.
Los living labs son plataformas de investigación que parten de distintos modelos de asociación pública-privada entre empresas, entidades públicas, universidades, institutos y personas individuales. Todos estos actores colaboran para la creación, diseño de prototipos, validación y prueba de nuevos servicios, productos y sistemas en contextos de la vida real. Estos contextos son ciudades, barrios, pueblos o áreas rurales, o polígonos industriales.
La competitividad en el mercado global pasa por reconvertir el proceso de producción, centrándolo no ya en la tradicional oferta de un nuevo producto sino en la demanda del consumidor. Gracias a los living labs, las empresas pueden adelantarse a las necesidades del usuario, que se convierte en un codiseñador de los productos y servicios de los que va a ser destinatario, lo que redunda en un mayor beneficio de las compañías y en una mayor satisfacción de los usuarios.
¿Qué es un laboratorio viviente o living labs?
Los Living Labs son “regiones funcionales” donde los actores habilitadores han establecido una asociación público-privada (PPP – Public-Private Partnership) de empresas, entidades públicas, universidades, institutos y personas individuales. Todos estos actores colaboran para la creación, prototipado, validación y prueba de nuevos servicios, productos y sistemas en contextos de la vida real. Esos contextos son ciudades, barrios, pueblos o áreas rurales, así como polígonos industriales.
Los Laboratorios Vivientes en la vida real son superiores a los “laboratorios cerrados” en prácticamente todos los aspectos:
¿Cómo surge el concepto de living labs?
El concepto fue originado por el científico Jarmo Suominen (finlandés que estudió en el Massachusetts Institute of Technologies) entre otros, como una forma de explorar el desarrollo técnico en un contexto social. Actualmente se emplea para cubrir una amplia gama de metodologías de investigación que aúnan a los individuos (usuarios finales) con las nuevas tecnologías. Esta práctica puede relativizarse a una ciudad completa, o a una comarca, así como a colectivos que comparten ciertas prácticas o gustos/aficiones.
Se pueden consultar los flujos de información y comunicación de un living lab en el web site: http://www.living-lab.net/
Fuente: Tendencias Plus, El País y Atos Research & Innovation.