Procter & Gamble se ha fijado la meta de aumentar sus ventas anuales entre un 5% y un 7% hasta 2010. Para lograrlo, trata de conquistar a alrededor de mil millones de clientes adicionales, la mayoría de ellos mujeres de los países en desarrollo. Tales compradores son parte fundamental del plan de expansión global de P&G.
Llegar a estos clientes no es fácil. En los mercados emergentes, P&G estima que un 80% de la gente hace sus compras en tiendas de barrio que no son más grandes que un clóset. La firma denomina a estos locales "tiendas de alta frecuencia", debido a que los compradores acuden a ellas varias veces al día o la semana. Aunque la mayoría son rudimentarias y normalmente operan desde la vivienda del dueño, estos comercios son una ruta clave para penetrar los mercados en desarrollo. P&G estima que en el mundo hay cerca de 20 millones de estas tiendas, pero apenas 2,5 millones venden sus productos.
Durante los últimos seis años, P&G ha enviado ejércitos de sus investigadores, desarrolladores de productos y expertos en comercialización para entender mejor a las tiendas de alta frecuencia, a sus dueños y a las caóticas redes de distribución detrás de ellas.
"Ese fue un cambio de paradigma para nosotros", dijo al Wall Street Journal el jefe operativo de P&G Robert McDonald. "Estaremos en las grandes tiendas, pero también tenemos que estar en las pequeñas".
P&G ha empezado a ofrecer incentivos especiales para que los dueños de las pequeñas tiendas le den un mejor espacio a sus productos. Para ser considerado como “negocio dorado”, las tiendas deben llevar no menos de 40 productos de P&G y exhibirlos juntos, lejos de los de la competencia